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viernes, 28 de marzo de 2014

Comiendo con... Fernando Varela y Julio Rendón. Magia en la palabra y magia en la carne.

La pasada semana el Lempira que come invitó a cenar a su humilde morada a Julio Rendón y Fernando Varela. Como sabía de sus gustos por la buena carne, el Lempira apostó por preparar a la brasa del carbón, unas suculentas entrañas, acompañadas de ensalada alemana de papas, ensalada verde, chiles dulces rojos y cebolla a la parrilla. El resultado lo describen ellos mismos más al final del post. Antes, como siempre en esta sección, comentaremos algo de los invitados y las recetas que se prepararon.

Comenzamos por Julio Rendón. Hombre de gran corazón, buena cabeza y mejor talante... 

Enamorado eternamente de Dorita -su acompañante, esposa y buena amiga del Lempira (aunque éste lo niegue)-, Julio decidió dedicar su vida al estudio de la agronomía. Ingeniería orientada, básicamente, a la producción de alimento. Desde los cultivos o criaderos, hasta los empaques, la comercialización y venta de productos. Últimamente vinculado al mundo de la producción de carne en Honduras (con la empresa C&D), Julio Rendón había trabajado anteriormente en varios procesos campesinos focalizados en mejorar la productividad de las fincas de marañón, en el sur del país. Además de otros proyectos productivos en otras zonas de la geografía patria.

Conocedor, por tanto, de Honduras, sus cosechas, sus climas, sus carnes y sus productos, Julio era un invitado que podríamos llamar de riesgo. El Lempira tenía que atinar bien en la selección de la carne para satisfacer las demandas de un tipo que no solo come carne y gusta del sabor de la carne, sino que, además, conoce al animal (vaca) y el entorno para su crianza. Un experto de buen yantar. De muy buen yantar.

Una vez en la morada, Julio participó en las labores de encendido del fuego para la producción de brasa... haciendo uso de su ingenio y, seguramente, de los aprendizajes acumulados en su carrera y su prolongada trayectoria ;)


Fernando Varela, por todos conocido en Honduras gracias a su participación dedicada y atinada en La Hora del Te (radio y televisión), y bandas como "La tropa de Baco", o, en la actualidad, Auténtico Yo, era también un invitado de riesgo... ¿se imaginan las burlas sobre el pobre Lempira en "La Hora del Te" si la comida salía mal?... quién sabe realmente qué le habrá parecido... porque, la verdad sea dicha, mucho no comió aquella pasada noche. ¿Estaría ungido en la melancolía?.

Lo cierto es que Fernando es un buen conversador, y un mejor todavía, contador de historias. Es, si se me permite la expresión, un auténtico cuentero. Que no un cuentista. Un cuentero que cuenta cuentos y encanta serpientes con sus seductores tonos locutores. Un artista de la palabra vivaz, un humilde representante de la altiva lengua castellana para el pueblo. Un rápido creador... un Iniesta del chiste, y un hábil distribuidor... un eficaz cartero de la broma (un gmail, para entendernos). Todo lo que cuenta, se convierte en mágico, porque Fernando es un encantador del medio, del canal por el que circulan sus ondas sonoras, y lo demuestra tanto en radio, como en televisión, como en persona. Pareciera que cuando hablara se revolucionaran los micrófonos, o ese espacio de aire que existe entre el parlante y el oído, entre la boca y el oído. Entre él y el mundo. Logra mantener en vilo al receptor hasta que terminan sus historias, y el receptor se mantiene en vilo porque no puede liberarse del embrujo, plácido, que provocan sus palabras.

Así lo sintió el Lempira la primera vez que lo escuchó, y así se sintió aquella noche... entre pedazo y pedazo de entraña. Una entraña que también tenía algo de mágica cuando se mordía y los dientes atravesaban sus membranas tostadas y se hundían, suavemente, en la pulpa de carne tierna, cuasi cremosa, y jugosa, cuasi líquida, y caliente, cuasi como el pezón de la madre al dar de mamar al hijo pródigo. Excelsa textura. Excelsa carne. Excelso asado al estilo argentino preparado por el inspirado Lempira, quien tradujo en alimento, la seductora historia que contaba Fernando, mientras se asaba la carne. 

Receta para el asado estilo argentino de entraña:


- 2,5 Kilos de entraña. En concreto, entraña gringa comprada en PriceSmart, a unos 260 Lempiras la libra. Imprescindible que tenga las dos membranas que conforman el corte. Sin las membranas la carne se secaría en la parrilla y perdería toda jugosidad.
- Sal gorda (muy importante que sea sal gruesa).

Punto.

Para hacer un asado argentino no se necesita nada más que buena carne, cortada adecuadamente, y sal gruesa. Nada más. El resto lo aportará la brasa, en este caso de carbón -aunque el Lempira prefiere mil veces la madera (roble, encina u olivo, a poder ser)-, y la mano del parrillero; cuyo gran secreto es la temperatura. Es decir, crear brasa y cuando esté a una temperatura suave (menos de 120ºC) situar la carne sobre la parrilla y esperar a que se haga al punto justo de cada lado: el termino medio se logra dando vuelta la carne en el momento en que empieza a sangrar del lado de arriba. No hay misterios, sólo práctica y paciencia. Si la carne es buena y la temperatura de las brasas adecuada (es decir, baja), el corte quedará tierno y jugoso. El tiempo de asado dependerá de la temperatura de la brasa. Cuando más baja sea, más tiempo tardará en asarse la carne... pero más deliciosa estará.



Para la ensalada de papas alemana (cantidades a adaptar según gustos):

- 1 kilo de papas, peladas, cocidas en agua con sal y cortadas en trozos de 2 centímetros.
- 150 gramos de pepinillos en vinagre. A poder ser de los grandes, que tienen un sabor ligeramente dulzón, cortados en cuadraditos menudos.
- 100 gramos de alcaparras en vinagre.
- Media cebolla picada finamente.
- Perejil fresco picado.
- Sal al gusto.

Mezclar todos los ingredientes en un recipiente.

Para la salsa de la ensalada:
- Mayonesa al gusto (unos 200 gramos)
- Pizca de pimienta molida.
- Aceite de Oliva Virgen Extra (medio vaso)
- Un poco del vinagre de los pepinillos.

Mezclar todos los ingredientes de la salsa y unirlos a la ensalada.




Y, a partir de aquí, cedemos la crítica a los invitados... como será costumbre en esta sección. Hablan los comensales Julio Rendón y Fernando Varela:



Crítica de Julio Rendón:
"Al recibir la invitación del Lempira por parte de mi amada esposa, por mi cabeza pasaron muchas ideas y recuerdos del buen comer. Esto, pues no es la primera vez que disfruto del toque especial de la cocina del Lempira. En esta ocasión, estos sentimientos traían consigo unas pizcas de "pecado" , pues me encuentro en un proceso intenso de pérdida de peso y sabía a lo que me enfrentaría... Sí quiero aclarar que no intento decir que el banquete de entraña ("Outside Skirt") y ensalada de papa alemana ("Kartofflsalat") no sean saludables, sino que dado mi régimen de alimentación mis cantidades deberían ser limitadas. 
Una vez dentro del hogar de los Lempiras, el ambiente siempre es ideal, relajado, buena música, buena plática y buenos aromas, todo bajo el frondoso y productivo árbol de Aguacate (¡que Aguacates!). Los otros invitados, amigos también, hacen que los temas de conversación sean muy variados y siempre amenos. En fin, un buen sitio para pasarla bien con excelentes anfitriones. 
En relación a la decisión del Lempira de proporcionar Entraña, es sinceramente una buena elección, lástima que por el tipo de alimentación del ganado hondureño y muchas veces también la raza del animal que se faena en el país, este corte tiene que ser importado para que pueda tener las características que resaltó el Lempira al salarlo de forma perfecta justo antes de colocarlo en las brasas, como debe ser! 
Sí invito al Lempira que trate de probar algunos otros cortes de buena calidad, muy magros, que se obtienen del ganado Hondureño para próximas experiencias, como pueden ser la Quititeña (Petite Tender) o Lomos de Entraña (Hanging Tender), esperaremos poder escribir luego en este espacio del Lempira de estas opciones. 
La ensalada estuvo perfecta, una mezcla de sabores ideales para una ensalada fría, lo perfecto para la fusión con la carne recién salida de las brasas. Adicionalmente el chile morrón asado estuvo en su punto, con el tiempo suficiente para que estuviera ni muy blando (que se hubiese quemado) ni muy duro (que estuviese aún crudo). 
En términos completos, el Lempira puede volver a invitarme sin ningún problema pues no inventaré excusa alguna para no probar sus preparaciones. También aplaudimos su esfuerzo crítico por iniciar una guía gastronómica que nos hacía ya mucha falta".


Crítica de Fernando Varela:

"He tenido la oportunidad de comer de la cocina de el Lempira que come y que también chupa, pues en esa oportunidad debo decir demostró también apreciar espumosas bebidas. 
De la comida puedo decir que a pesar de que no tenía el apetito voraz, me sorprendió lo deliciosa que estaba la carne. Entraña, que con sólo su apariencia, parecía ser mucho mejor de los otros asados que me habían dado recientemente, lo cual, terminó por abrir mi apetito... y al final, debo admitir, fue imposible evitar chuparme los dedos frente al resto de los invitados que tampoco tuvieron mucha pena para hacerlo. 
Carne gruesa, y jugosa, con sal en su punto. Terminé "dobleteando" y además acompañado de una ensalada de papas, que al inicio me parecía muy distinta a la que me tenía acostumbrado mi abuela (se caracteriza por su exquisita ensalada de papas), y que terminó, también, por conquistarme. Decidí volver a hacer la fila para servirme de nuevo (todos se servían por segunda vez, a excepeción de Julio Rendón, que lo hacía por tercera). 
Debo decir que el lempira que come levantó bastante las expectativas con su discurso de introducción a la comida, y por algún momento pensé que podía asumir un compromiso muy grande al prometer tanto placer culinario, pero, aún con todo el preámbulo, logró sorprendernos igual.

Buen chef, que permite entonces las críticas, a veces duras, que suele dar. Sin duda alguna, una opinión que debe ser siempre escuchada si uno quiere comer en los mejores lugares de la región.


Puntuación (categoría "Puestos de comida") --> puntuación otorgada por los comensales.
Servicio: 10
Comida: 9



viernes, 28 de febrero de 2014

Raspados catrachos en Amapala: al rico hielo!

Al Lempira que come le gustan los raspados tradicionales "hechos en casa", sobre todo cuando está en la playa, a la luz del sol, entre sonidos de olas rompiendo contra finas arenas... o en un día ultracaluroso como el de hoy, en Tegus.


Los raspados de hielo, con siropes varios que le dan sabor, pueden ser realmente impresionantes. La clave es, sin duda, que el sirope (o mermelada, o salsita dulce, o como quiera llamársele) sea casero. Cosa, desafortunadamente, no tan frecuente.


Estos que el Lempira probó en Playa Grande, Amapala, estaban muy bien. Hacía calor y el hielo refrescaba todo. El sirope era casero... y el puesto rodante, todo un clásico. Fantástico. Además de tener  distintos sabores, el punto de azúcar estaba bien logrado (no demasiado empalagoso) y el precio del raspado era irrisorio.


En otra categoría se sitúan los "nuevos" raspados. Adaptaciones modernizadas del clásico. A Honduras parece no haber llegado la fiebre, pero en México está instalada desde ya hace un tiempo. Hay tiendas-heladerías especializadas en raspados, que trituran el hielo, lo muelen, lo raspan, le colocan siropes, frutas naturales e incluso diferentes toppings. Ojalá llegaran estos neo-raspados por nuestras tierras...

En cualquier caso, donde estén los clásicos bien hechos...


Categoría "Puestos de Comida" Puntuación
Servicio 8
Comida 8
Puntuación Media 8
Relación Calidad Precio 9


miércoles, 26 de febrero de 2014

La Albahaca, una pizzería que no pasa inadvertida en la capital

La Albahaca es ya casi una institución en Tegucigalpa, y fuera de ella. Lo demuestra el hecho de que se ha convertido con el paso de los años en un restaurante "franquicia" que se abre hueco en el apretado mercado de la pizza (desgraciadamente dominado por enormes cadenas gringas, que, sea dicho de paso, más que pizzas elaboran esperpentos yankees; algunos incluso ricos).

La Albahaca visitada, se encuentra situada tras el Boulevard Suyapa antes de la Estación de Servicio Puma, a una cuadra de la esquina posterior de Ibiza's. En lo que, presumiblemente, fue o sigue siendo, una residencia familiar. Una casa de dos plantas, de color rojizo terroso, con portón negro. Tienen guardia de seguridad y hay aparcamiento no exclusivo en los alrededores del local.

La albahaca cuenta con varias salas y espacios para comer. La terraza-porche de la entrada, más acondicionada para esperar los pedidos de pizza para llevar, da acceso a una pequeña sala a la izquierda, con mesas vestidas de mantel colorido, y otra sala más adelante, bajando las escaleras. Por último, hay una terraza exterior tapada e incluso, en lo que sería el jardín trasero de la finca, una especie de pérgola metálica alberga numerosas mesas más. Un local grande, que se llena a reventar, sobre todo, cuando hay promociones 2X1 en pizzas. Así que, seleccionen bien la hora de comer o cenar, porque cuando el local está completamente lleno, el servicio se resiente (cosa, por otra parte, totalmente comprensible).

Las diferentes salas recrean con mayor o menor acierto, diferentes espacios y ambientes. Quizás la opción más agradable es la terraza cubierta que uno se encuentra tras bajar las escaleras de la sala pequeña. Cortinas blancas en los laterales y mantelería también blanca en las mesas, con mantel cruzado de colores, y sillas de madera, generan un espacio agradable y distendido, sobre todo cuando el sol se da cita. Otros espacios son completamente anodinos, y bien merecerían una pequeña inversión para dotarlos de mayor candor.

El servicio de sala es muy agradable, cercano, amable y servicial. Siempre atentos al refill e incluso a servir la pizza las veces que sea necesario. Un servicio que el Lempira calificaría de delicado; lo cual, indudablemente, se agradece. Los meseros suelen estar preparados correctamente para responder a las preguntas que se formulan. Muy bien!

En cuanto a la carta, decir que se basa en pizzas y pasta. También cuenta con algunas entradas de inspiración italiana: Brushettas (media docena, 70 L), Mejillones Porto Bello al aceite de olica, ajo, cebollina asada y acompañados de pan de ajo (una docena 260 L, media 145 L), Antipasto Fiorentino: berenjena, pastrami, jamón, aceitunas, alcachofas y espárragos acompañados de pan de ajo (260 L) o Carpaccio de Res (220 L). Además se ofrecen 3 ensaladas, entre la que destaca la Ensalada de Queso Fresco con lechuga, tomate, alcaparras y mozzarella (110 L).

El capítulo pizzas es muy, muy amplio. Más de 40 referencias escritas en la carta, que se presentan en 4 formatos: pequeño, mediano, gigante y lata (tamaño inmenso que recibe el nombre de lata porque ocupa la superficie al completo de los moldes grandes y cuadrados del horno). En experiencia del Lempira, con una pizza gigante comen 2, aceptablemente, y muy bien si se acompaña con una entrada.

La pizza Il Pomodoro, con pepperoni, jamón, tocino, salami, hongos, aceitunas verdes, maíz, cebolla, chile verde y tomate cuesta 210 L la pequeña, 280 L la mediana, 400 L la gigante y 990 L la lata. Las pizzas de 1 sólo ingrediente oscilan entre los 150 L, tamaño pequeño, hasta los 750, tamaño lata. Precios que no están mal si se tiene en cuenta que la masa es casera y buena, y que los tamaños son bastante generosos.

La pasta se resume al Spaghetti, de grano duro, no casero, con diferentes salsas: Boloñesa, de Ajo y Aceite, con Camarones, Diávola o Parmigiana (con ajo, hongos, alcaparras y queso parmesano), y los precios oscilan entre los 160 L y los 265 L.

El Lempira que come apostó por probar la pizza, y un plato de pasta. En otras visitas únicamente había probado las pizzas. En esta ocasión le tocó el turno a una pizza de alcachofas y aceitunas verdes: masa en perfecta cocción, crujiente de excelente textura abajo, y esponjosidad suficiente para sostener una buena cantidad de queso (que parece ser "estilo" mozzaella, que, la verdad, está bastante bien) y bastante alcachofa y aceituna. El Lempira vuelve a lo de siempre: si las alcachofas son naturales, el sabor es mucho más potente. La pizza resultó estar bastante bien. En otras ocasiones el Lempira probó pizzas con pepperoni (rico pepperoni) y jamón (hay mucho mejores jamones, pero no está mal el que sirven).


Los aceites aromatizados que se sirven para aderezar son muy acertados, aunque seguramente un italiano ortodoxo se escandalizaría de ello. El de ajo es penetrante y el de chiles es picantón. Un poquito de cada uno, realza bastante los sabores de la pizza. Buen punto! Además, ofrecen un poco de pan de ajo para acortar la espera de la comida...



La presentación de los spahetti es un poco basta, aunque la porción es muy generosa. Y peca de espolvoreados con un queso estilo parmesano que no es parmigiano-regiano, y con un poco de hierbas secas que... en fin. El punto del spaghetti era al dente, como le gusta al Lempira, y la salsa un tanto aceitosa y dulzona de más.

En el capítulo bebidas, decir que ofrecen limonada y te frío natural, con refill a 44 L, también refrescos con refill al mismo precio. 

En cuanto al vino y su servicio, corramos un tupido velo. Nuevamente desaparecido en combate. La carta se limita a ofrecer "botella de vino, 400 L", o "copa de vino, 86 L." ¿Saben cuántas bodegas de vino existen sólo en España? más de 8.000, y ¿saben cuantos vinos diferentes se producen anualmente, solo en España? más de 30.000. Imagínense si tenemos en cuenta el mundo entero. ¿Cuál es la "botella de vino" que se ofrece? y ¿qué tipo de vino es el que se ofrece?. Toca preguntar para averiguarlo: la respuesta, no es tampoco muy alentadora. Ofrecen 3 vinos diferentes, Frontera, chileno; Finca Don Vazquez argentino; y Hacienda Rasillo, de la Denominación de Origen Rioja, España. Los 3, vinos muy sencillos, de bajo costo... sin alma. El Lempira que come anima, encarecidamente, a que La Albahaca mejore su carta de vino. Como siempre dice, es una buena inversión, si se hace bien.

En resumen: en La Albahaca se come razonablemente bien. Las pizzas tienen una buena masa y están bastante nutridas de ingredientes. Las porciones son grandes y los precios no están por las nubes. Cuando hay promoción, la Relación Calidad Precio sube considerablemente y se convierte en un más que recomendable establecimiento.

Categoría "Restaurantes" Puntuación
Entorno 7
Servicio 8,5
Servicio Vino 4
Comida 7,2
Puntuación Media 7
Relación Calidad Precio 6


lunes, 24 de febrero de 2014

Claudio's, una buena opción para aprovechar la oferta del 50%

Recientemente el Lempira que come ha visitado Claudio's, un restaurante de comida italiana situado en el Boulevard Morazán, tras la oficina principal de BAC, con un magnífico horno de leña en el que se elaboran buenas pizzas. Hay espacio para estacionar (aunque no muchísimo) y guardia de seguridad.


Del local y el entorno vale la pena decir que si bien la decoración y el mobiliario no cuenta en general con materiales nobles (maderas de color macizas, objetos de arte de autor, etc.), el ambiente logrado es más que acogedor. En la primera planta, muy pequeña y que sirve más bien de espacio de bienvenida, se sitúan 3 mesitas redondas con capacidad para 2 o 3 comensales. Además hay un pequeño porche con una mesa más. Una escalera de caracol metálica, algo empinada, da acceso a la sala principal del restaurante.




Lo primero que encuentra uno al acceder a la segunda planta es un magnífico horno de leña. ¡Un verdadero horno de leña!, que transmite candor al ambiente y un aroma ligeramente ahumado que al Lempira le fascina. Una vez arriba es posible optar por pasar a la sala principal, o bien, acceder a la terracita. La segunda planta es presidida, muy acertadamente por el horno de leña. Las divisiones entre la sala principal y la terraza se realizan mediante paneles de madera pintados y ventanales; lo que permite que desde cualquier punto, el horno de leña sea visible. La sala principal, en la que predominan los colores blancos y crema, cuenta con numerosas mesas vestidas con mantelería blanca y camino de mesa de color marrón oscuro. Las sillas son acolchadas, forradas de una especie de cuerilla también blanca. En las paredes algunos cuadros y espejos. El Lempira recuerda que hace un tiempo (no poco) había al menos una pared de esta sala pintada de color rojo oscuro, lo que le parecía un acierto.

La terraza, por su parte, cuenta con 4 o 5 mesas situadas al borde de la barandilla y vestidas del mismo modo. El techo de la terraza es de paneles de metacrilato, acertadamente "camuflados" por varias telas color crema, además de tablillas de madera color oscuro y una serie de ramas de árboles que hacen a la vez de agradable decoración. Cuando la luz se va yendo, en la terraza se encienden unas lucecillas blancas entre las ramas que generan un ambiente bastante agradable, incluso romántico.

El servicio en Claudio's es atento, aunque algo inexperto. Quizás nos volvió a tocar el mesero nuevo (un día hablaremos en profundidad de la rotación de personal en la restauración), pero salimos con la sensación que no conocía a profundidad la carta ni como se elaboraban los platillos que se servían. En cualquier caso siempre estuvo atento a buscar el modo de responder a las preguntas del Lempira.

La carta del restaurante, de un formato grande, se divide en Entradas, Ensaladas, Pizzas, Pastas, Bebidas y Postre. Dentro de las opciones de Entradas, parecen destacar los Calamares Napolitanos (220 L.), los Hongos al vino (180 L.) o el Antipasto de la casa (con embutidos, queso, olivas y alcachofa, a 260 L.). Entre las Ensaladas, destaca la de Pollo y Blue Cheese (220 L.) La pizza Claudio (jamón, pepperoni, hongos, aceitunas, cebolla, chile verde y maíz, 230 L / 320 L) sonaba interesante, igual que la Caprichosa (con jamón, hongos y anchoas, 220 L / 310 L), o la Caroh (con berenjenas, alcachofas y hongos, 220 L / 320 L). Entre las Pastas, el Lempira, destacaría los Ravioli Claudio, hechos en casa (240 L), aunque también hay spaghetti, fetuccini y lasagna, a precios que oscilan entre los 220 y los 280 L.

El Lempira que come optó por una pizza, ¡cómo perderse el horno de leña!, y los ravioli Claudio.

Lo primero que llegó a la mesa fueron los Ravioli en una presentación más o menos atractiva, aunque con pecados. En un plato blanco y de formato cuadrado, se colocaron 12 raviolis en 3 hileras paralelas de 4, bañada cada hilera con una salsa diferente: de tomate (roja), de crema al vino (blanca) y de pesto (verde). El resultado simula la bandera italiana. Los pecados de la presentación no estaban en el dudoso atractivo de exaltación patriótica, sino en el recurrente uso de los espolvoreados. Concretamente del espolvoreado de parmesano que no es, ni de lejos, parmigiano-regiano, y en el uso de esas hierbas secas embotadas en frascos de plástico que suelen llevar etiquetas con sugerentes nombres, tales como "aderezo italiano", o "hierbas de la Toscana italiana", que obviamente no son ni lo uno, ni lo otro.

Más allá de la presentación, decir que los raviolis sí eran caseros. Lo cual, se agradece. Una pasta al punto exacto de cocción, rellena de ricotta y espinaca que era acompañada más o menos bien por cada una de las salsas. Aunque, alguien ha de decirlo, la salsa "pesto" carecía del sabor contundente y fresco de la albahaca, el aceite de oliva virgen extra, el queso parmesano y el pecorino, y el piñón; ¿quizás porque no llevaba ninguno de esos ingredientes?, suele pasar.


La pizza llegó momentos más tarde. Se notaba que el horno de leña le había transmitido sus valores. La masa estaba perfectamente crujiente y ahumada... y ya se sabe que en una pizza, lo más importante es la masa. La de Claudio's está bastante bien. Desgraciadamente no así los ingredientes de la Caroh (berenjenas, alcachofas y hongos), pues ni los hongos eran naturales, sino de frasco, ni el queso era el adecuado (no nos pareció mozzarella, ni por asomo), ni las alcachofas estaban presentes en textura y contundencia sápida. Una pena porque la combinación es perfecta cuando se ejecuta correctamente.


Por postre el Lempira tomó una tarta Karlotta de Cafe (120 L.). Un postre helado de café, bañado en crema y sirope de chocolate.

La nueva y funesta Ley seca impidió al local servir (y al Lempira tomar), vino. Así que fueron dos frescos naturales (50 L.) de mora y flor de jamaica, los elegidos. Demasiado aguados. En cualquier caso, para poder realizar la valoración pertinente, el Lempira pidió la carta de vinos y preguntó al mesero sobre el servicio que se prestaba.

Lo cierto es que la carta de vino, con unas 35 referencias entre Tintos, Blancos y Espumosos, está bastante bien. Sobre todo la selección de vinos italianos, entre los que se encuentran vinos de Zonin (509 L), Sartori (650 L) y un Chianti (665 L). Entre los vinos chilenos también se encuentran referencias interesantes como Las Mulas (567 L) o el Miguel Torres Gran Reserva (650 L). Entre los vinos españoles destaca claramente por encima de todas las referencias el Santiago Ruiz, un vino blanco gallego, elaborado con uva alvarinho, que es realmente rico (965 L). La carta ofrece varios vinos espumosos también, un chileno (Santa Digna) de Miguel Torres (que, por cierto, en la carta figura erróneamente como vino español) a 1158 L (claramente subido de precio), un cava como el Segura Viudas a 1800 L, y varias opciones italianas, entre las que figura un Prosecco (del que no se indica nada más) y un Lambrusco rosé (del que tampoco).

En resumen: una carta nutrida, con opciones interesantes y a precios bastante ajustados en general, pero algo desordenada y sin la información necesaria para que un inexperto pueda elegir con tranquilidad su vino. En Honduras, y en Centroamérica en general, no puede esperarse que el comensal sea un entendido, porque la introducción de vinos a la zona es relativamente reciente. Es necesario que los restauradores hagan un esfuerzo por hacer más didácticas y atractivas las cartas de vino, además de más completas y ordenadas. Incluir información acerca de las añadas de elaboración del vino, la denominación de origen, las uvas con las que está hecho, etc. es una necesidad. Además, ello redundará, con el tiempo, en mayores ventas.

El servicio de vino de Claudio's se limita al descorche y el servicio de la primera copa. Copas, por cierto, que van desde las recurrentes estilo martillo, hasta otras que son más que aceptables. Desconocemos si los vinos son servidos a su temperatura ideal de consumo (entre 6 y 12 ºC para blancos y espumosos, y entre 14 y 18 ºC para tintos), pero... intuimos que los tintos no. En cualquier caso es posible pedir que refresquen el vino.

Por tanto, y para terminar, decir que el Lempira salió satisfecho de la cantidad de comida, pero algo decepcionado con la calidad de algunos productos utilizados para terminar el plato, sobre todo teniendo en cuenta que Claudio's tiene lo más importante: la masa de los raviolis casera es buena y la masa de la pizza al horno de leña también. Creemos, por tanto, que tienen perfectamente dominada la parte más difícil. No entendemos porqué se falla en lo más fácil: servir una pizza a base de productos naturales y frescos (hongos Portobello o champiñones frescos, alcachofas naturales, quesos seleccionados de alta calidad), y hacer un "pesto" en condiciones (albahaca fresca, piñones naturales, aceite de oliva virgen extra, parmigiano-regiano...).

Si mejoran esos importantes detalles, Claudio's dará un salto de calidad impresionante. Volveremos si eso sucede, seguro. Hasta entonces, les recomendamos que aprovechen la oferta del 50% con tarjetas credomatic (no aplica a vino), que es válida en Jueves y Domingo.


Categoría "Restaurantes" Puntuación
Entorno 8
Servicio 7
Servicio Vino 6,7
Comida 6,7
Puntuación Media 7
Relación Calidad Precio 6


lunes, 17 de febrero de 2014

Sushi-Bar Tegucigalpa, pasaron tiempos mejores


El Lempira que come decidió subir la primera crítica de un restaurante japonés con uno de los pioneros en la materia de la ciudad de Tegucigalpa. Le tocó el turno a Sushi Bar. Situado en la Colonia Palmira, en Avenida Argentina, frente al edificio Los Jarros, Sushi-Bar lleva ya años ofreciendo adaptaciones de la sana, vistosa y equilibrada comida japonesa. 

Al local, que presenta ya síntomas de envejecimiento como el suelo gastado o algunas puertas con zonas descascaradas, se accede por una cómoda escalera desde la mismísima calle. Tiene espacios suficientes de aparcamiento e incluso una cómoda terraza donde es posible cenar o comer al amparo de la lluvia. El Lempira, optó por esta opción.

Una vez dentro, el comensal es recibido por una recepción, que hace las veces de caja. El color negro predomina en la decoración general. La barra principal, en forma de "L", exhibe el producto fresco (cortes de pescado, algunos rolls) y se configura como el espacio de trabajo para los Sushi-makers. Las mesas son amplias, de conglomerado contrachapado de color blanco; y las sillas de madera cruda. La impresión general del ambiente es agradable, pues la falta de espacio es compensada por la presencia de espejos en las paredes.

El servicio de Sushi-Bar es joven y atento, preparados, en general, para explicar detalles de la carta y ofrecer platos al cliente.

La carta del Sushi-Bar es redonda, y llena de información sobre el sushi y las normas de buena mesa para el uso de palillos. Su original formato, dificulta enormemente la lectura de la más que interesante información proporcionada. Se agradecería un cambio de formato...

En cuanto a la oferta gastronómica, decir que se basa, fundamentalmente en sushi: concretamente en Niguiris, Makis y Rolls. También se ofrecen un par de sopas (de miso a 62 L, y Thai a 156 L), gyozas a 120 L, tofú frito a 63 L, tempuras a 157-262 L, o arroces variados a 100-120 L. Los Niguiris por pieza cuestan 53 Lempiras, los conos entre 110 y 150 L. La oferta de Combos para 1 persona, que contiene 3 cortes sashimi de 4 tipo de pescado (atún, salmón, pez mantequilla y Snapper), 6 Niguiris y un California Roll, cuesta 368 Lempiras. Por su parte, los diferentes Makis y Rolls, algunos de ellos con combinaciones un tanto estrafalarias (rozando la guarrindongada, nuevamente), se sitúan entre 150 y 280 L.

Por tanto, una oferta, a priori, interesante que se va un poco de precio. Sobre todo teniendo en cuenta la calidad del producto servido:

El Lempira que come optó por pedir un Combo para 1 persona, Edamame y un Roll de Anguila. No terminó tan contento como le hubiera gustado, y mucho menos al pagar por ello 780 L. Impuestos Incluidos.

El pescado sashimi del combo era bastante fresco, aunque no todo lo que debería ser (si bien se puede entender al haber sido sábado noche el día de la degustación). El corte de los lomos de pescado era demasiado fino y no de las partes más nobles, (como debería ser), y el sabor, lo más importante en opinión del Lempira, dejaba bastante que desear en cuanto a potencia sápida. El atún no parecía atún, mientras que el salmón carecía de la cremosidad propia de éste. El pez mantequilla sí estaba en su punto.

Los Niguiris estaban elaborados de manera correcta. El arroz en su punto de textura y nada apelmazado (bien) aunque un poco frío de más. El pescado de acompañamiento no se desmontaba al colocarlo boca abajo, lo que significa que estaban bien montados. Además de los Niguiris elaborados con los pescados ya mencionados, el combo ofrecía un Niguiri de pulpo (correcto, sin más).

El California Roll se dejaba comer pero no disfrutar. El sucedáneo de cangrejo -probablemente uno de los peores inventos de la humanidad-, no ayudaba mucho a mejorar un roll que ya se encontraba en las últimas. Frío de más, con el arroz algo apelmazado, y el sabor del aguacate desaparecido... servía como relleno.

Al Lempira sí le gustó el maki de anguila. La potencia de la anguila ahumada se contraponía al dulzor de una ligera salsita de anguila. Vale la pena.

En cuanto al vino... corramos un tupido velo. Una oferta menos que ínfima y que se basa en 2 opciones solamente (Casillero del Diablo blanco, o tinto), es más digna de un bar de carretera, que de un restaurante con ciertas pretensiones. ¿No hay en el mercado otras (y mejores) opciones para acompañar Sushi que Casillero del Diablo? Rotundamente, sí. Las copas en las que se sirve el vino, además, son más parecidas a martillos que a copas... aunque sí se ofrece un enfriador para el vino blanco, lo cual se agradece. El Lempira que come lamenta que no se preste la atención que merece el vino en un restaurante. Si bien es cierto que el tipo de vino tinto de moda (opulento, robusto, potente, bomba frutal) no es el más adecuado para acompañar Sushi, hay millones de opciones sumamente atractivas para hacerlo: desde el famoso vino de arroz japonés (sake) hasta opciones de vino blanco elaborado con Chardonnay o Riesling, pasando por espumosos como champagne o cava, fino e incluso frágiles vinos tintos de corte atlántico.

Definitivamente deberían en Sushi-Bar prestar mayor atención a esta cuestión, pues el vino es un producto que puede dejar un margen de ganancia interesante, y que además, bien tratado y servido, es un elemento de distinción respecto de la competencia. Tener que optar, sí o sí, por cerveza o refresco para acompañar el Sushi... no es lo mejor.


Puntuación (categoría "Restaurantes")

Servicio: 7
Entorno: 6,5
Servicio de vino: 5
Comida: 6,5 
Puntuación Media: 6,4

Relación Calidad Precio: 6


martes, 11 de febrero de 2014

Matambritas, un paraíso para los hamburgueseros


No es desmerecida la buena fama que ha cosechado Matambritas y sus hamburguesas desde que iniciaron su andadura en la capital de Honduras. Ojalá todas las comidas rápidas fueran parecidas a ésta, porque la diferencia entre las hamburguesas de Matambritas y las de otras grandes, enormes, transnacionales hamburgueseras, es abismal (en favor de las catrachas, obviamente).

Matambritas comienza su andadura en Enero de 2012, con un puesto situado en el centro comercial Novacentro. Su restaurante primigenio, con varias mesas de madera y bancos también de madera,  utiliza el sistema selfservice puesto de moda por las cadenas más famosas estadounidenses: es el comensal quien acude a pedir a las puertas de la cocina, y no el comensal el que es atendido en la mesa. La particularidad del sistema de Matambritas, que posteriormente se aplicaría también en el resto de sucursales, consiste en entregar un vibrador al cliente una vez éste ha realizado el pedido de comida en la barra. Cuando el aparatito suena, el cliente debe regresar de su mesa a la misma barra y recoger la comanda. Sencillo y eficiente sistema que ahorra costos y permite preparar al momento (y no únicamente recalentar) la comida; lo cual, huelga decirlo, redunda en beneficio de la calidad.


El servicio ofrecido en Matambritas, en consecuencia, se limita a atender de manera atenta al cliente en la barra y a entregar la comanda. No deja margen para comentar mucho más. Sí la imagen jovial y divertida de la marca. La original grafía y, sobre todo, el colorido Beattle de época que anuncia Matambritas, son ya casi un símbolo en Tegucigalpa. Por no hablar de los atrevidos nombres de sus hamburguesas, valga "Chuck Norris" como ejemplo. Todo ello conforma un diseño integral que permite distinguir a Matambritas de otras opciones, y que, a buen seguro, sirvió de gancho para posicionar al restaurante en el apretado mercado hondureño. Todo un logro, dada la sobredosis de cadenas de comida rápida existentes.


Y en este sentido, el Lempira que come quiere aclarar que si bien en la mayor parte de "comidas rápidas" se sirve "comida basura", es muy cierto que hay importantes y significativas excepciones, como la presente (o como la referida en el reciente post sobre los mejores restaurantes y puestos de comida en el Perú, con el caso de la "Sanguchería La Lucha"). Así pues, es preciso remarcar que en Matambritas las hamburguesas se elaboran con 100% carne de res. Ojo, sin aditivos como soja u otros, que son recurrentemente utilizados por la mayoría de cadenas gringas. Asimismo, es necesario indicar que en Matambritas no utilizan cualquier carne, sino una carne de calidad, ni cualquier corte barato de deshecho, sino entraña y puyaso. O sea, las hamburguesas de Matambritas son buenas, porque utilizan carne de buena calidad y de cortes nobles. No como otras cadenas estadounidenses, que han sido objeto de señalamientos continuados por sus prácticas y subterfugios.

A propósito, para quienes quieran asombrarse aún más con la industria de alimentación estadounidense, el Lempira les recomienda visualizar el documental "Food Inc". No tiene desperdicio.

Regresando a lo que nos ocupa en esta ocasión, decir que Matambritas ofrece un completo menú de hamburguesas entre las que destacan la mencionada "Chuck Norris" -con chorizo, huevo, cebolla roja, queso americano y tomate con salsa de chipotle (que, hay que decirlo, no pica en absoluto)- y la M2 -elaborada con 2 hamburguesas de res, lechuga, tomate y cebolla. Otras opciones contemplan cebolla caramelizada, pollo, mezcla de quesos, etc. Además de hamburguesas, en Matambritas se pueden comer también unas aceptables costillas de cerdo estilo americano (con salsa BBQ), tiernas y dulzonas.

Las hamburguesas probadas por el Lempira que come cumplieron notablemente. El pan utilizado resulta ser muy agradable: tierno y dulzón, acompaña perfectamente el sabor de las salsas. La carne, cumple las expectativas, y si es comparada con otras famosas cadenas, decir que gana de goleada es quedarse corto, porque, la verdad, juega en otra división. Aunque, no todo el monte es orégano. En opinión del Lempira hay algunas combinaciones que resultan un tanto vastas: res y pollo, o res y cerdo (en forma de chorizo parrillero, no en forma de bacon) son combinaciones arriesgadas que dentro de una hamburguesa chocan. Por ejemplo, en el caso de la "Chuck Norris", el sabor potente y penetrante del chorizo parrillero, deja en un segundo plano a la carne de res. Y en una hamburguesa, es importante sentir el sabor de la carne. Otras combinaciones ofrecidas rozan lo que definiría el magnífico cocinero vasco, David de Jorge alias Robin Food, como una guarrindongada. Y esto no tiene porqué ser malo necesariamente, pero, desde luego, indica que la combinación creada no tiene como atributo invitado a la elegancia.

Observen algunas de las guarrindongadas que hacen los españoles, a escondidas o con alevosía y sin pudor alguno:


Y... esto le ha dado al Lempira una buena idea: compartamos las guarrindongadas (o cochinangadas) patrias. Orgullezcámonos de esas combinaciones terribles que a algunos les parecen cantos de ángeles. Nueva sección de Lempira que come: cochinangadas catrachas. En un futuro post!


Los complementos que se ofrecen en Matambritas también superan, con mucho, la oferta de otras cadenas: se puede optar por papas fritas en forma de espiral (al Lempira le encantaría que revisaran esta opción, pues sería mil veces mejor ofrecer papas fritas naturales), tostones, yuquitas fritas o guacamole. ¡Todo un acierto!

Por último, indicar que el precio de los combos, con refresco incluido, oscila entre los 120 y los 200 Lempiras. Un precio razonable si se tiene en cuenta la calidad de la hamburguesa.



En resumen: Matambritas vale la pena.
¿Cuál es tu favorita?


Puntuación (categoría "puestos de comida")
Servicio: 7
Comida: 8,2
Puntuación media: 8

Relación Calidad Precio: 7

domingo, 9 de febrero de 2014

Delicias Patepluma... sopas con fundamento

El Lempira que come había olvidado que era un admirador de la sopa, hasta que encontró, por casualidad, un dibujo que pintó cuando era pequeño (quizás con 6 años) en el que se dibujaba a sí mismo comiendo una deliciosa sopa de arroz, cuchara en mano, gesto de felicidad en la cara y una frase escrita que salía de la boca: "mmm, ¡sopa, qué rico!"


Aquello hizo reflexionar al Lempira, a propósito de la importancia que tienen para la gastronomía y la creación de grandes platos los sabores que se recuerdan de la infancia. El Lempira, cuando era preguntado por qué recordaba de su infancia, siempre decía que muchas cosas. Y era cierto... sin embargo, el plato que estaba en lo más hondo de su recuerdo, era la sopa. La sopa de arroz hecha con el caldo del puchero argentino (cocido, dirían los españoles) que le hacía su mamá. Seguramente serán varios los lectores y lectoras que recuerden la sopa de costilla, el tapado, la sopa marinera o el mondongo, como sus platos favoritos de la infancia... y es que la sopa tiene bastante de universal y algo de mágico. En todas las cocinas del mundo se hace sopa. Claro, sopas muy diferentes unas de otras, pero sopas al fin y al cabo, que utilizan los principales ingredientes del entorno: papas, cebollas, frijoles, tomate, tortilla, quínoa, remolacha... y ese toque de casa, que nunca falta en una sopa. No sólo por el ingrediente que la abuela le pone, sino también por el modo de guisar la sopa, que tiene siempre un toque de magia.

De hecho, Honduras es una país de sopas. Probablemente sea la sopa, dejando de lado el plato típico, el tamal o el maíz en sus múltiples elaboraciones, el plato más característico de la gastronomía patria. Acá hay sopa de frijoles, de tortilla, de res, de costilla, capirotada, de marisco, de pescado y tapado. Entre muchas otras. Y todas son muy diferentes. Algunas con coco, otras sin coco, algunas con algo de azúcar, otras sin, algunas con pique, otras sin, algunas con yuca y plátano, otras no... en fin. Sopas para muchos gustos... y sopas ricas. Realmente ricas... aunque eso será carne de otro post: las sopas de Honduras.


En esta ocasión queremos contar la experiencia del Lempira con el tapado olanchano de Delicias Patepluma; un puesto de comida callejero que se sitúa en La Colonia principal, frente al Banco Centroamericano. El tapado es un tipo de sopa que en su versión olanchana suele congregar ingredientes como guineo verde, maduro, yuca, carne de res salada seca, chorizo, manteca de cerdo, algo de achiote o chile dulce y un poco de culantro de pata y/o perejil. Hay recetas que añaden o quitan ingredientes... pero la base es esa. El nombre de Tapado se recibe por colocar las conchas de los plátanos maduros como tapa durante la cocción. La versión costeña del tapado, además de agregar costilla de cerdo o chicharrón, añade coco rallado o leche de coco, lo cual aporta una textura más untuosa y un toque de dulzor muy interesante.

El tapado de Delicias Patepluma es un tapado sabroso, potente, con mucha carne, lo cual se agradece... aunque debemos decir que el día que el Lempira lo cató, éste se encontraba algo salado. Es el riesgo de poner demasiada carne. El precio de la orden es de 60 L. Un precio muy razonable teniendo en cuenta la cantidad servida y la calidad del producto. La carne está completamente tierna, se deshilacha con facilidad y es muy sabrosa. El caldo es bastante cremoso y apetecible; y la yuca, el maduro y el macho están en su punto de cocción. Un más que correcto tapado.

Además de tapado olanchano, en Delicias Patepluma se puede comer sopa de res, tamalitos y montucas. El Lempira pidió una montuca y quedó más o menos contento, porque la escasa carne de cerdo que llevaba la suya, se compensaba bien con el potente sabor de la masa.

En definitiva, un puesto de comidas de calidad correcta a buenos precios se convierte en una opción interesante si uno está cerca y quiere comer algo casero y sabroso...



Puntuación (categoría "puestos de comida")
Servicio: 7,5
Comida: 7
Puntuación Media: 7,1

Relación Calidad Precio: 7

miércoles, 5 de febrero de 2014

Ibiza's, paellas de calidad a precio asumible

El pasado jueves, el Lempira que come decidió probar las cada vez más famosas paellas de Ibiza's. No sin cierto recelo, pues son comunes las malas y pésimas elaboraciones que se hacen pasar por paella, cuando no lo son. Incluso en España. No es fácil encontrar un establecimiento que haga bien una paella. No es fácil conseguir el punto de arroz perfecto: cocido, pero firme, suelto, seco y sabroso. Son frecuentes los arroces que quedan pasados de cocción, o con granos duros...

En la calle de atrás del Bulevar Suyapa, llegando a la Estación de Servicios Puma, nos encontramos con Ibiza's. Un establecimiento situado en lo que parece ser una residencia familiar, acondicionada para funcionar como restaurante. Es necesario llamar a la puerta para ser atendidos. No parece disponer de aparcamiento, si bien, sí de vigilancia para aparcar en la calle, donde suele haber bastante espacio.

Una vez dentro, destaca la piscina central, de turquesas aguas. Alrededor de la misma, se erigen varias pérgolas de madera. En cada una de ellas, se sitúa una mesa con espacio suficiente para 6 comensales, o incluso más. Las pérgolas, decoradas con telas blancas, generan una división del espacio muy adecuada e íntima. Cada mesa está conectada visualmente con las otras, pero la estructura del espacio produce un efecto de "reservado" que es perfecto cuando se necesita cierta privacidad. La piscina central y la vegetación (enredaderas, palmeras, árboles) del jardín, terminan por generar un muy acogedor ambiente.

Las mesas, de cristal, y las sillas con cómodos cojines acolchados de tela grisácea, son amplias y confortables... y, además, ¡la piscina puede ser utilizada en fines de semana!

El servicio de Ibiza's es cordial y atento. Sin mayores pretensiones, pero efectivo.

En cuanto a la carta, podríamos decir que se basa en el producto, con claras influencias españolas: entrantes como almejas al ajillo (295 L.) o patitas de calamar (150 L.) y especialidad en paellas. Dentro de las cuales ofrecen paella de marisco (445 L.) paella de carne (250 L.), paella mixta (330 L.) y paella de arroz negro, mariscos y langosta (610 L.). Como platos fuertes se ofrece cochinillo al horno (445 L.), camarones jumbo empanizados (350 L), o róbalo en salsa (335 L.). Una carta breve, pero equilibrada en la que predominan atractivos platos de pescado y marisco.

Como el Lempira había ido a probar la paella, se decantó por esta opción y pidió una paella de marisco y un arroz negro con langosta. La experiencia del Lempira fue bastante positiva... empezando desde el principio, pues tardaron 30 minutos en servir ambos arroces, lo que suele ser indicativo de que la paella no está preparada de antemano, sino que se prepara al momento, como debe ser. Cuando en un restaurante cualquiera tardan menos de 18 minutos en servir un arroz seco en la mesa es claro indicador de que estaba hecho con anterioridad, lo que supone, impepinablemente, que el punto del arroz no es el adecuado. Así pues, bien: las paellas en Ibiza's se elaboran al momento y se sirven recién sacadas del fuego, en la famosa paella de metal. Por cierto, al plato paella, se lo llama así, porque la sartén en la que se elabora el arroz se llama paella, y no paellera, como suele confundirse.



El otro punto positivo, a entender del Lempira, fue la potencia sápida de ambos arroces. Cada uno con su esencia, se mostraron plenos en sabor. Los sofritos utilizados en cada uno de los arroces estaban bien logrados y los caldos muy sabrosos. Sin embargo, es necesario indicar que si bien el punto del arroz era bueno (seco, suelto y firme), no era el tipo de arroz más adecuado para la elaboración de paellas. Las paellas se elaboran con arroz de calasparra, o arroz bomba. Arroces con Denominación de Origen, de grano corto y grueso. Como nadie en Honduras importa dichos arroces, lo más indicado sería utilizar arroz arbóreo italiano -el que se utiliza para los rissotos-, pues es el arroz más parecido de entre los arroces que se pueden seleccionar en estas tierras. En Ibiza's se han decantado por utilizar un arroz común de grano largo. Una pena, porque es un arroz que no termina de absorber todo el sabor del caldo con el que se hace la paella. Si decidieran pasarse al arbóreo... las paellas estarían de matrícula.


Entre los dos arroces probados, nos quedamos con el de marisco, pues el punto de sabor está más conseguido que en el caso del arroz negro, que termina apartándose ligeramente de la esencia del arroz con tinta de calamar más tradicional. El Lempira quedó más que contento, pues ambos arroces son de lo mejorcito que puede encontrarse en Tegucigalpa. ¡Bien hecho Ibiza's!

El precio de las bebidas está un tanto subido (por ejemplo: limonada natural, 50 L.), aunque entendemos que se paga la tranquilidad y el agradable entorno... muy agradable entorno.


Puntuación (categoría "Restaurantes")
Servicio: 7
Entorno: 8
Servicio de vino: --
Comida: 8
Puntuación Media: 7,76

Relación Calidad Precio: 7

jueves, 23 de enero de 2014

Pollos al carbón Yamal: una excelente opción!


Situado en la calle principal de Miraflores, este puesto de pollos al bidón no dejó indiferente al Lempira que come. ¡Tomen nota!

Yamal ofrece lo que dice ofrecer: pollos al carbón. Muy buenos. Crujientes por fuera, con la piel tostadita, jugosos por dentro, como tiene que ser. El toque especial de Yamal se consigue gracias al maridaje secreto que utilizan para la piel del pollo y el excepcional y potente aroma y sabor a brasa. No se puede pedir más al precio de venta (135 Lempiras).

De la salsa que utilizan para el maridaje no podemos dar cuenta, pues no han querido revelarle al Lempira su receta… pero tenemos claro cómo consiguen semejante sabor y aroma a brasa. Es un truco simple que se utiliza tanto en alta cocina (el asador Etxeberri, en el País Vasco –considerado mejor asador del mundo- son maestros en el asunto) como en numerosas cocinas tradicionales alrededor del mundo. En Perú, por ejemplo, la técnica es llamada “al cilindro”, y consiste, básicamente, en encerrar aquello que se cocina (en este caso pollo, pero podría ser cerdo, res, o cualuqier otra carne e incluso pescado o marisco) en un ambiente repleto de humo mientras se asa. Mediante esta técnica se asa y se ahuma a la vez: ¿Cómo?


En Yamal utilizan bidones con tapadera. Cortados longitudinalmente consiguen superficie de sobra para situar el carbón y colocar una rejilla que hace de soporte parrillero para los pollos. La otra mitad del bidón es utilizada como tapa. Resultado: el carbón asa los pollos y la tapa del bidón, al cerrarse, permite mantener dentro todo el humo generado. De este modo se logra que el humo penetre profusamente en el pollo. ¡Excelente Yamal!

Eso sí, al Lempira que come le encantaría que en vez de utilizar carbón utilizaran madera. El humo que genera la madera es mucho más sabroso (y sano) que el conseguido con carbón. Además, diferentes tipos de madera logran ahumados distintos: pollos con sabores muy diferentes se consiguen asando con madera de roble y con madera de pino, por poner un ejemplo.

En cualquier caso, como ven, es un truco sencillo que se puede hacer en casa. Basta con conseguir una parrilla que permita, de algún modo, encerrar el humo. Sugerencia para intrépidos asadores excelencia culinaria: añadan a la brasa de madera una buena cantidad de romero para generar un humo aromatizado. Verán (y sobre todo, olerán y saborearán) una carne maravillosamente ahumada.


Puntuación (categoría: puestos de comida)
Comida: 8
Servicio: 7
Puntuación Media: 7,8

Relación Calidad Precio: 9